Déjalo ser. Recuerda que para que pueda crecer y mostrar todo su potencial necesita vivir y tener sus propias experiencias.

Revisa la visión que tienes de tu hijo y sus posibilidades. No olvides que como lo trates y lo veas, así él se relacionará con el mundo y con los demás.

Nos subestimes ni sobredimensiones el impacto que su  cardiopatía congénita tiene en el resto de las áreas de su vida. Mirar a tu hijo desde una visión reducida y recortada o  condicionar sus experiencias en demasía, no hacen más que hacerlo un niño inseguro, que solo mostrará una  sombra de su real potencial.

Prioriza su condición de niño a su cardiopatía. Tu hijo necesita ser educado para poder crecer y mostrar toda su grandeza .Debe para eso contar con tu mano firme  y coherente que lo organice, lo ordene en su pensamiento, lo contenga y lo eduque en sus emociones, que le permitan aprender, crecer, sentirse incluido y acompañado de otros niños. Si sientes que no puedes, pide ayuda y orientación. Recuerda que si cometes el error de priorizar su defecto cardíaco , solo logras que su Ser en el mundo se reduzca a la condición de “cardiópata”.

No seas contemplativ@ y condescendiente con su conducta. Tener un defecto congénito no significa que tu hijo pueda hacer lo que quiera, cuando quiera. Que no tenga que aprender a pedir las cosas, ser amables con los demás, o tener privilegios distintos a sus hermanos. Las reglas de convivencia favorecen su crecimiento y desarrollo sin importar su condición. Recuerda que ante todo, debes ser just@ en las relaciones en tu hogar. Y cuando consientes demasiado a tu hijo, la primera injusticia es con él. Simplemente porque es una forma de menospreciar sus capacidades y su potencial.

Si tu hijo tiene tiempos distintos para aprender, Respétalos y hazlos respetar, pero a su vez estimulalo y acércale desafíos. No olvides que  necesita espacio para mostrar toda su posibilidad de Ser. Simplemente hay que acompañarlo y animarlo a que crezca .

Ten presente que el cuerpo  es una esponja que recibe  en forma activa la voz ,el contacto y la emoción del otro . Las palabras amorosas, las caricias, el cuidado, la cercanía afectiva provoca que esas heridas que no se ven, vayan cerrando y pesen menos en su memoria emocional.

Si tu hijo debe estar en reposo o internado, cuéntale historias. No solo hace que un niño se sienta amado y cuidado, sino que es un buen recurso para aliviar el stress y la angustia. Utiliza a su vez la  alegría como emoción para poder aliviar su dolor y pueda encontrarse en su inocencia de niño. Más allá de todo.

Una manera de calmarlos y hacerlos sentir que estamos cerca, es acariciar las palmas de sus manos. Si puedes abrazarlo, respira profundamente y consigue un estado de serenidad. Luego acerca a tu hijo al pecho para que pueda sentir los latidos de tu corazón. Escuchar ese sonido le devolverá la calma y lo hará sentirse contenido y seguro.

Una de las cosas más difíciles que nos toca afrontar y superar a los padres de niños con cardiopatías congénitas, es el miedo. Reconoce tus miedos. Míralos. Es la única forma de superarlos. Ten en cuenta en la medida que elabores y canalices en forma constructiva esa emoción, ayudas a tu hijo a crecer sin temor, fortaleciendo su carácter.

Si tienes otros hijos, se quilibrad@ a la hora de brindar toda tu energía y cuidado. Las necesidades de un niño con cardiopatía congénita son importantes, pero también lo son las de sus hermanos. No olvides que el tener un trato justo con todos, hace a la buena relación entre ellos.

Inclúyelos en la dinámica familiar en cuanto al cuidado de su hermano. Enseñales a ser colaboradores y empáticos. Ellos forman parte de esta experiencia. No le impidas el poder aprender de ella.

Dice un refrán que Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad. Reflexiona sobre este pensamiento. Nada de lo que nos pone la vida por delante, es superior a nuestras fuerzas. Lo que aprendemos de esa experiencia es nuestra elección. Puedes quedarte maldiciendo tu destino, o descubrirte en tu grandeza a través de él.

Hay una enseñanza que dice que no podemos evitar las circunstancias dolorosas de la vida, pero si podemos elegir como vivirlas, que actitud tener frente a ellas. Cuando el sufrimiento es extremo, las buenas intenciones, el otorgarle un sentido trascendente a las circunstancias y tener un buen pensamiento no lo evita, pero si  protege, alivia, reduce la intensidad del sufrimiento, sostiene y contiene.

Y finalmente, aprende sobre el valor de vivir en el presente, a disfrutar de las pequeñas pero grandes cosas, a no pensar en el mañana. Agradece cada momento y disfruta cada instante vivido. No te adelantes a la adversidad. Vive y ten un buen pensamiento. Eso  te mantendrá en un estado de serenidad y calma que se transmitirá en tu hijo, ayudándolo a crecer y a vivir en paz. “El ayer es historia, el mañana es un misterio, el hoy es un regalo, que se llama presente”.

 

Simplemente, te transmito lo que me enseñaron, lo que aprendí.

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